Hace unos días Google lanzó Latitude, una aplicación para smartphones que permite ver en tiempo real donde están los amigos.
La aplicación es increíble, pues uno puede ver su posición y la de otras personas – debidamente autorizadas – en el mapa, es muy entretenido y se me ocurren cientos de aplicaciones prácticas.
El dato de la posición geográfica a partir de las antenas de telefonía móvil no es nuevo, y hoy por hoy es prácticamente un dato público.
El punto aquí es, hasta que punto estoy dispuesto a compartir mi información con el resto, y hasta que punto mis datos son privados. Estas últimas semanas hemos escuchado sobre el posible uso publicitario de los datos de Facebook, y existen servicios como Google Friend Connect o Facebook Connect, que tienden a aumentar el uso y penetración de google y facebook en nuestros sitios webs. Y abren una nueva discusión sobre como se gestiona la identificación en la red.
Entonces la pregunta es: ¿que actitud tomará cada uno frente al uso y explotación de sus datos y actividades?, ¿cuanta información estamos dispuestos a compartir?. Algunos de nosotros fanáticos a las redes sociales, nos resulta natural el compartir mucha información de manera anónima, el problema surge, primero cuando mucha gente no esta familiarizada con estas herramientas, y segundo cuando puedan existir dudas sobre el uso que se le puede dar a dicha información.
A mi juicio, todo se basa en la transparencia de los objetivos, es decir: el usuario tiene que estar consciente, leer las condiciones de uso y siempre tener la posibilidad de poder eliminar sus datos desde los sistemas.
Solo queda acostumbrarse y tratar de entender y no asustarse con estos nuevos modelos de difusión de la información.